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Suplantar a los padres

Las administraciones, los docentes y la inspección educativa deberían velar, antes de nada, porque nadie suplante a los padres en el ejercicio de su responsabilidad.

 

Es frecuente percibir la dejación que los padres hacen de su responsabilidad educativa. Ello es debido, entre otras razones, a la escasa dedicación, la insuficiente preparación y la falta de recursos de todo tipo para ejercer esta faceta de la paternidad. A mi modo de ver, también contribuye la nefasta política familiar y educativa que venimos soportando. No obstante, seamos o no conscientes de ello, lo queramos o no, la responsabilidad de la educación de los hijos es connatural a la paternidad. En la medida que nos desviemos de este horizonte estaremos profundizando en nuestra decadencia personal y social. Las distintas administraciones, incluida la del propio colegio, no están autorizadas a contravenir esta solemne encomienda de responsabilidad.

       
      Informar a los padres
     

En algunos colegios se actúa adecuadamente porque mantienen informados a los padres. En otros, sin embargo, se ha escogido actuar a sus espaldas.

       

También es competencia de los padres la llamada “educación sexual” de los hijos, que va más allá de impartir sesiones académicas sobre el uso y costumbres de los genitales humanos, a modo de lectura y explicación del manual de empleo de un electrodoméstico. En los colegios se está pretendiendo educar sexualmente a nuestros hijos. En alguno de ellos se hace adecuadamente porque mantienen informados a los padres. En otros, sin embargo, dada las reticencias de los progenitores, se ha escogido actuar a sus espaldas. Ante esta tesitura, los padres debemos saber que tenemos el derecho y la autoridad de intervenir, si fuera preciso, drásticamente. Tenemos el derecho y la autoridad de saber qué se hace con nuestros hijos, qué información se les da y de qué manera se hace. Ningún director de centro nos puede confundir, no digamos intimidar, hablándonos del consejo escolar, del currículum académico o de cualquier otra martingala seudo legal.

La manera correcta de afrontar este aspecto formativo del educando pasa siempre por la dirección de los padres, de ninguna forma podemos delegar esta responsabilidad. Si nos encontramos en apuros, existen multitud de posibilidades para auxiliarnos en la tarea. Visto lo visto, no hay que pasar necesariamente por el centro escolar. Las consecuencias de la irresponsabilidad paterna, o de la usurpación de ella, pone a los hijos en riesgos impredecibles: fracaso escolar, depresiones, embarazos no deseados, etc. Por no hablar de los colaterales: promiscuidad, drogas, alcohol, tabaco o enfermedades de transmisión sexual (aunque les puedan regalar preservativos en el propio colegio). Las administraciones, los docentes y la inspección educativa deberían velar, antes de nada, porque nadie suplante a los padres en el ejercicio de su responsabilidad.

 

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