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Escuela pública, única y laica

 

 

 

Escuela pública, única y laica

Es este un lema que ya no es políticamente correcto, por ello no se suele escuchar; mucho menos fuera del ámbito escolar. Sin embargo, sigue formando parte intrínseca de la concepción del sistema educativo en la inmensa mayoría de los sectores ideológicos llamados de “izquierdas”.

 

He querido detenerme en esta cuestión porque la considero de una trascendental importancia, además de clarificar de manera elocuente el mundillo político – escolar en donde están inmersos nuestros hijos, y toda la familia a través de ellos.

         
 
Escuela pública, única y laica, propia de regímenes totalitarios
     
 


Como se puede apreciar esta forma de concebir la educación es la propia de regímenes totalitarios. En la España actual este planteamiento es defendido por partidos políticos como el Socialista o Izquierda Unida y por sindicatos como Comisiones Obreras, UGT o el Sindicato de Estudiantes.

     
         

Escuela laica. Aunque, por temporadas, el laicismo es objeto de titulares, artículos y editoriales en los medios de comunicación, ésta es una reivindicación clásica y permanente en el sector de la enseñanza. Debemos ser concientes que escuela laica no es igual que escuela aconfesional. Con la premisa del laicismo se pretenden dos cuestiones. Por un lado, eliminar radicalmente del sistema educativo los colegios de ideario religioso y, del resto de colegios, toda simbología religiosa. Por otro lado, conseguido lo anterior, o mientras se consigue, convertir a la escuela en el instrumento formador de ciudadanos homogeneizados por el barniz laico que se forjó en la revolución francesa, en el que Dios no tiene cabida.

Esta concepción laicista de la educación no contempla el derecho de los padres a educar a los hijos en función de sus propias creencias y convicciones, lo cual supondría una actitud aconfesional que es la que salvaguarda nuestra Constitución y la legislación internacional. Antes bien, se otorga el derecho al Estado para que sea él quien eduque a los ciudadanos. En este sentido, los educandos dejarían de ser contemplados como personas, únicas e irrepetibles, para ser abordados como “ciudadanos” encorsetados en los parámetros de lo políticamente correcto. No debe existir una ética ni una moral distinta de la oficialmente reconocida por el Estado; naturalmente, apoyada por las supuestas mayorías.

Escuela única. Esta expresión, como fácilmente puede deducirse, excluye cualquier otro tipo de colegio que no responda al modelo descrito anteriormente. Aunque puede parecer reiterante, se quiere insistir en que no debe ser admitido un modelo de escuela distinto del laico. De esta manera, queda excluida también la competencia. Si no existen otros colegios, nadie puede obtener mejores resultados, ni académicos ni de cualquier otro tipo, que los que obtuviera la escuela laica.

Escuela pública. La educación, como servicio público que es, sólo debe ser promovida, dirigida, regulada e intervenida por las administraciones públicas. En realidad, es la mejor manera de garantizar que se cumplen los dos requisitos anteriores: el laicismo y la exclusividad. De esta manera se cierra el círculo de opciones educativas.

Como se puede apreciar esta forma de concebir la educación es la propia de regímenes totalitarios. Pensemos en la Alemania nacinalsocialista o en la Cuba comunista, aunque no ocurría exactamente igual en la España franquista. En la España actual este planteamiento es defendido por partidos políticos como el Socialista o Izquierda Unida, por sindicatos como Comisiones Obreras, UGT o el Sindicato de Estudiantes; o incluso por intelectuales de todo tipo ligados a la progresía más recalcitrante.

Puede parecer demagógico e increíble traer aquí esta concepción tan peculiar de la educación, pero puedo asegurar al lector que está tan vigente como cualquier otra realidad tangible que le rodee. Si no se ha implantado definitivamente ha sido precisamente por la oposición de amplios sectores sociales, entre los cuales, al frente, se encuentra la CONCAPA. No obstante, de manera paulatina se podrá comprobar que los avances en este sentido son poco a poco significativos.

Los padres debemos ser conscientes, por tanto, de que hay sectores ideológicos en nuestro país, con un gran poder, dispuestos a usurparles el derecho a educar a los hijos; con el único fin de formar ciudadanos que, en su vida adulta, les faciliten los votos necesarios para perpetuarse en el poder. La tendencia, por tanto, no es otra que el pensamiento único, la homogeneidad de actitudes, la ciudadanía del bienestar, ¿alguien puede pensar que nuestros hijos serán más felices que nosotros?

 

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