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Palabras pronunciadas en la Asamblea

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los males que acechan a la sociedad también los tenemos dentro de CONCAPA

Deberíamos de observar si ese mal que vemos tan claro en la sociedad y que pretendemos denunciar públicamente no nos está corroyendo a nosotros como si fuera carcoma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la CONCAPA

Palabras pronunciadas en la Asamblea electoral

En aquellas elecciones a la Presidencia Nacional de CONCAPA existió, como nunca, una sana rivalidad entre los dos candidatos. Tenía que aprovechar mi última oportunidad, antes de la votación, para hacer ver que mi propuesta era la más realista, práctica y coherente; y que así lo había entendido la inmensa mayoría de los representantes. Yo sabía que mis mayores enemigos eran los compromisos personales adquiridos y los prejuicios interesados.

 

Mi oponente no era una buena opción
 
 

Si hubiera visto en mi oponente o en su programa una buena opción para llevar adelante la Presidencia de CONCAPA, no me hubiera presentado.

 
 

Mis primeras palabras quiero que sean en recuerdo de Pepe Albiol. Creo que es necesario decir, hoy más que nunca, que la labor que Pepe ha hecho en CONCAPA, posiblemente, jamás será suficientemente reconocida. En una parte importante, lo que CONCAPA es hoy, en lo bueno y en lo malo, como pasa con todo en la vida, se lo debemos en gran medida a Pepe. Sería triste que lo echáramos en el olvido, aunque nadie de los que aquí estamos trabajamos para que se nos reconozca lo que hacemos.

Parece que este es el momento en el que debo defender mi programa. He estado pensando mucho si hablaros dando una somera explicación de los documentos que ya tenéis desde hace unos días, hacerlo sobre la base de un simple guión o preparar un texto que hoy, en la Asamblea, os podría leer. Finalmente me he decidido por esto último. He creído conveniente, por respeto a vosotros, no improvisar en mi exposición y prepararla convenientemente. Por otra parte, no quería correr el riesgo de dejarme en el tintero ideas que, aunque no sean determinantes, sí quería que las escucharais.

Naturalmente, no se trata de que yo haga comparaciones entre los dos proyectos, ni mucho menos entre las personas. Pero debemos reconocer que vosotros sí estáis comparando entre las distintas opciones desde el mismo momento en que os enterasteis que había dos candidaturas. Aún existiendo en mí el ánimo de no comparar y reconociendo la valía personal de Rafael, con quien yo mantengo una relación si no afectuosa sí cordial, no tengo por qué dejar de reconocer en voz alta que si hubiera visto en él o en su programa una buena opción para llevar adelante la Presidencia de CONCAPA, no me hubiera presentado.

Refiriéndose al documento en el que yo me presento como candidato, me decía Ricardo que él lo había entendido porque ya habíamos hablado los dos sobre mi concepción del papel que CONCAPA debe jugar en estos momentos en la sociedad; pero que creía que no es fácilmente entendible. Más clara y concreta le pareció mi propuesta sobre el Planteamiento Organizativo de CONCAPA. Bueno, me reconfortó comprobar que no sólo Maribel, también Carmen y otros muchos habíais entendido perfectamente lo que yo quería transmitir. La pregunta es: ¿Se puede pretender ser Presidente de CONCAPA con éste, mi programa electoral?

Hay quienes me han dicho, y son muchos, algunos incluso de los que apoyan la otra candidatura, “que hay que cambiar”. Que lo que se necesita es una renovación. Carmen, hablando también en nombre de Ester y de Olimpia, era más elocuente diciéndome que ellas lo que no querían era más de lo mismo. Pues bien, con esta concepción es con la que yo escribo la Presentación de la Candidatura a la Presidencia de CONCAPA. Parece ser que ninguno de mis antecesores ha ido por la línea que yo he elegido. No lo he hecho con ánimo electoral, es la forma con la que yo concibo que hay que acudir a unas elecciones de este tipo, que no tienen nada que ver con la cosa política.

 
 
Honestidad frente a estrategia electoral
 
 

Hay quien tiene dudas de que pueda ganar sobre la base de esta honestidad con la que me presento. Y yo sinceramente os digo que más me vale perder por ser honesto que ganar como consecuencia de una estrategia electoral.

No obstante, hay quien tiene dudas de que pueda ganar sobre la base de esta honestidad con la que me presento. Y yo sinceramente os digo que más me vale perder por ser honesto que ganar como consecuencia de una estrategia electoral. Pero no sé si aquellos lo acaban de entender. Me consuela saber que Francisco es de la misma opinión que yo, y estoy seguro que también otros muchos.

De manera que, reconoceréis que mi campaña y mi programa electoral han sido un tanto “sui géneris”. Desde luego, nada que ver con la de mi respetado oponente. No he comenzado, por consiguiente, ofreciendo más de lo mismo.

Pero también me insistía Francisco, en la conversación telefónica que mantuvimos el pasado jueves, que él consideraba muy importante que hasta los más reacios a hablar en las reuniones de nuestras juntas se vieran obligados a manifestarse. Yo también he sido víctima de la cantidad de palabras que se emplean consumiendo el tiempo de las reuniones sin encontrar muchas veces la coyuntura para poder intervenir. Palabras y más palabras. A veces polémicas, a veces violentas, a veces vacías; ¡con la cantidad de cosas interesantes que podrían decirnos esas personas que suelen permanecer calladas!. También en esto me presento como renovador y no continuista. Esta fue mi intención al convocar el sábado pasado una reunión de los Consejeros, para poder escuchar su opinión antes de difundir el Planteamiento Organizativo que yo veo como ideal para CONCAPA. No ha existido ánimo electoralista, porque de esto precisamente es de lo que yo le hablaba a Ricardo en Toledo cuando se decidió a presentar la candidatura que luego retiró; y en aquel momento ni me hubiera figurado que iba a encontrarme en esta situación.

No obstante, Javier me decía sorprendido que no esperaba un documento de esas características. Yo siempre había dicho que mi intención era escribir una carta personal dándome a conocer y explicando mi planteamiento. Así empezó efectivamente, con un “estimado amigo”; pero conforme iba avanzando en esa supuesta carta acudían a mi mente ideas que no podía dejar de transcribir. No ha sido por electoralismo, una vez más he actuado por coherencia.

Pero a muchos de vosotros, acostumbrados a lo que ha ocurrido hasta ahora y aunque manifestéis desear un cambio, os preocupan cuestiones más tangibles. Por ejemplo a José Caro, entre otros, le inquietaba la dificultad que yo podría tener en compatibilizar la Presidencia con mi profesión. Cómo me las iba a arreglar.

Pues bien, ¿acaso alguno de los aquí presentes piensa que yo acudo al cargo de Presidente por el sólo hecho de llegar a ser Presidente? Don Quijote decía que la presidencia en una mesa de comensales no estaba en el lugar que se ocupaba, sino en la persona que la ostentaba. Ya sabemos que Don Quijote estaba loco pero, tan presidente puede ser Rafael desde Valencia como yo desde Pamplona. Por qué le iban a dar a uno más facilidades que a otro para ausentarnos de su trabajo. Qué razones, confesables, podría haber para ello.

Ricardo también fue muy locuaz al manifestarme que no compartía mi perspectiva sobre el Secretario General. No Ricardo, no hago una relación de las cualidades que Pepe no tenía. Pepe llevó la carga de la secretaría general lo más dignamente que entró en sus posibilidades, como nos pasa a todos. Él mismo decía que no era perfecto y nos increpo preguntándonos ¿pero quién no tiene defectos? Ese que menciono es el perfil que creo necesario en el Secretario General, por bien para la organización.

Estoy contigo en que el Secretario General no puede ser omnipotente, como lo ha sido hasta ahora; pero mientras no se reformen los Estatutos, cuestión que no proponéis vosotros y que yo tampoco sé de momento si es necesario, sus cometidos son los que son y ni el Secretario General debe hacer de Presidente ni el Presidente de Secretario General.

Ya sé que hay personas que no me van a votar, pero en todo caso no por no ser renovador, sino por otras consideraciones en las que no quiero entrar. Los hay suspicaces, como Ramiro que piensa, y así lo manifiesta, que me he convertido en el candidato de Agustín Dosil. ¡Hombre Ramiro¡, la verdad es que no entiendo muy bien lo que quieres decir, pero si lo dices porque sospechas que Agustín me votará, también me gustaría ser tu candidato. En todo caso, espero que esta salida tuya no sea una evasiva para justificar tu voto. Yo no soy el candidato de Agustín, como Rafael no es tu candidato. Rafael y yo somos los candidatos de CONCAPA.

José Juan tiene muy claro, creo que como todos, que no está dispuesto a soportar más polémicas y que por eso no ha estado presente en CONCAPA en los últimos meses. Mirad, no nos ofusquemos, hay quien habla todavía de una posible impugnación de esta asamblea. No tiene ningún sentido que alguno de los que supuestamente me apoya, impugnara la asamblea si yo no salgo elegido. Deberíamos de observar si ese mal que vemos tan claro en la sociedad y que pretendemos denunciar públicamente no nos está corroyendo a nosotros como si fuera carcoma.

En lo sustancial, todos estamos de acuerdo. Lo que pretende conseguir el equipo de Rafael es lo mismo que todos queremos para CONCAPA. Las diferencias no son de fondo. Sí es cierto que en los puntos de partida y en el planteamiento existen diferencias esenciales. Una más continuista y otra más renovadora. Vosotros tenéis que tomar la decisión.

Una opción continuista y gastada frente a otra más renovadora y práctica  

En lo sustancial, todos estamos de acuerdo. Lo que pretende conseguir el equipo de Rafael es lo mismo que todos queremos para CONCAPA. Las diferencias no son de fondo. Sí es cierto que en los puntos de partida y en el planteamiento existen diferencias esenciales. Una más continuista y otra más renovadora.

 

Pero volviendo a lo pragmático, también ha habido personas que me han preguntado por mi equipo. Creo que ha quedado ya suficientemente claro que mi equipo no ha comenzado con unos pocos, mis elegidos. Yo he querido involucrar a todos, porque quiero ser el Presidente de todos y no el Presidente de mi equipo. ¿Os imagináis por un momento que yo viera en Ricardo Moreno la persona ideal para llevar adelante la secretaría general? ¿Podría prescindir CONCAPA de su competencia, si me quisierais a mí como Presidente? Deberíamos empezar por tener suficientemente claro que nosotros no somos un partido político.

No obstante, Manuel me decía: “al menos tendrás que decir quien es el Secretario General que va contigo”. Tal como están las cosas, el Secretario General es la persona de confianza del Presidente, es uno de sus instrumentos para conducir la organización. Lo que se pide a la Asamblea en realidad, más que un nombramiento, es una ratificación sobre la propuesta del Presidente. A mi modo de ver, no tendría ningún sentido que el Secretario General, de Rafael o mío, no fuera votado por unanimidad en la Asamblea.

Pero como somos humanos, el anunciar o no la persona que ocupará ese cargo parece que también tiene su influencia electoral. No seamos ingenuos, por eso Rafael con cierta astucia (que le honra) ha revelado quien es su Secretario General; porque Ricardo, en las últimas semanas ha conseguido sobre todos un importante ascendiente. Reparar por un instante en que aún no sabemos de forma manifiesta a quién llevaba Pepe como Secretario General en la Asamblea de Santander. Maniobras electoralistas al margen, vosotros depositaréis vuestra confianza en el Presidente que elijáis y el Presidente depositará parte de ella en su Secretario General.

En definitiva lo que se vota, y en esta organización más que en ninguna otra, no son tanto los programas como las personas. Aunque en este caso no voy a mencionar el nombre, hay quien me ha dicho que no sabe si me votaría, pero tiene claro que a quien no quiere votar es a Rafael. Bueno, es una razón que justificaría el voto si pudiera votar (que en este caso no puede); pero creo que sobre la mesa tenemos ya argumentos más que suficientes para que el voto de cada uno sea lo más racional posible.

 

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